Fundación Colombiana de Psicotraumatología Noticias

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martes, 18 de agosto de 2009

Al principio de esta historia...


Muchas veces nos preocupamos por el futuro, por el día de nuestro grado como Psicólogos, por los estudios que vamos a realizar próximamente, por nuestra tesis de especialización, el trabajo que queremos conseguir y un sinnúmero de cosas más, sin embargo, solemos olvidar cómo fue que conocimos a la psicología, o más bien cómo la psicología nos conoció a nosotros; cómo fue que inició éste camino y cómo fue que por primera vez tuvimos contacto con lo que hoy es una pasión. Hoy pensando un poco sobre el pasado, recordé aquellos momentos hace algunos años y quise compartirlos con ustedes colegas, y por qué no, dejar la puerta abierta para llenarme de sus experiencias:

Decidí estudiar Psicología a los 14 años, fue una cuestión de insight, por decirlo de alguna forma, sólo se me vino a la cabeza mientras revisaba planes de estudio de varias carreras, y me hizo sentir tan seguro que nada pudo dar marcha atrás a mi decisión. “Es una carrera para niñas” decían unos, afortunadamente estaba seguro de quién era y cómo me sentía y tenía la capacidad para saber que una profesión no determina tu género y viceversa; “Te vas a morir de hambre” decían otros, muchos otros en realidad, pero bueno, el dinero nunca ha sido una prioridad para mí, pensé, y recordé a Facundo Cabral a quien alguna vez le escuché contar que un periodista le preguntó que por qué Julio Iglesias tenía más fama y dinero que él si no era mejor cantante y Facundo respondió que la vida todo lo hacía bien y que si le había dado más fama y dinero a Iglesias era porque éste los necesitaba para vivir y que por esa misma razón a él no le había dado dinero pero lo había hecho más libre, justo como él lo necesitaba.

Hoy recuerdo ésta anécdota y no puedo evitar sonreír, sonreír porque me hace feliz ver que los prejuicios no pudieron truncar mi iniciativa, por recordar que mi padre y mi madre se sobrepusieron a los complejos y el qué dirán y me apoyaron en cada paso dado hasta hoy; no puedo evitar sonreír porque hoy puedo asegurar que soy psicólogo, de los buenos, de los que se apasionan por su profesión y la respiran cada día.


Macía


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